Ya tenemos en la cartelera española Hamnet, una obra que llega precedida por el éxito de la novela homónima de Maggie O'Farrell. La película está dirigida por la oscarizada Chloé Zhao, quien vuelve a demostrar su sensibilidad para retratar la conexión entre el ser humano y los paisajes naturales, un sello que ya estaba presente en títulos como The Rider o Nomadland. En el reparto, contamos con una interpretación magistral de Jessie Buckley, que da vida a una Agnes hipnótica y atrayente, y Paul Mescal, quien encarna a un William Shakespeare mucho más humano y vulnerable de lo que solemos imaginar.
Esta película no es solo un drama histórico; es una inmersión en la vida de una mujer que la historia oficial a menudo dejó en la sombra, la esposa del genio convertida aquí en centro emocional y espiritual del relato. Chloé Zhao convierte Hamnet en un diálogo íntimo entre la naturaleza y el duelo: filma la pérdida como un proceso orgánico, donde el viento, la luz y la tierra parecen acompañar cada gesto de Agnes. Verla me transportó de inmediato a mi viaje del verano pasado a Gran Bretaña, cuando llegué a Stratford-upon-Avon buscando la huella del gran autor y, sin saberlo, me acercaba también al territorio silencioso de Agnes.
Un encuentro inesperado en la Iglesia de la Santísima Trinidad
Mi visita a la iglesia donde se encuentra la tumba del Bardo estuvo marcada por un momento muy curioso. Al entrar, me recibió un señor amable, cargado de cuadernos, que tras saludarme me hizo una pregunta que me dejó descolocada: “¿Viene usted a cantar?”.
En ese momento, sentí esa punzada de vergüenza de quien se sabe intrusa; él estaba allí por fe, y yo, como turista, buscaba la tumba de Shakespeare. Tras explicarle mi propósito, él mismo me indicó dónde descansaban William y su mujer, Agnes (Anne), aunque tuve que esperar un par de horas a que terminara el acto religioso para poder entrar a la zona de las lápidas.
La fuerza de Agnes frente al dolor
Aquella espera frente a las losas de piedra ha cobrado un sentido profundo ahora, tras ver la obra de Zhao. Agnes es el corazón de la historia: una mujer conectada con la tierra y las plantas, que debe enfrentar la violencia machista de una sociedad que la mira con sospecha por su independencia y su intuición casi chamánica. Mientras William escribe para la eternidad, ella cuida el presente; Zhao invierte el mito y convierte a la esposa del genio en un alma creadora a su modo, capaz de sanar, leer los signos del mundo y sostener el peso del duelo.
Uno de los momentos más impactantes es el tratamiento de la peste y de la muerte del hijo, esa herida que la novela y la película colocan en el centro del vínculo entre Agnes y William. La tensión cuando la enfermedad acecha está rodada con una delicadeza casi terrorífica: no necesita grandes efectos; le basta con el sonido de un insecto o el silencio denso en una habitación para transmitir el miedo de una madre que sabe que algo invisible ha entrado en su hogar. Ver Hamnet hoy es asistir a la reescritura de una genealogía femenina: Zhao y Buckley rescatan la voz silenciada de Agnes y la convierten en símbolo de resistencia ante una estructura patriarcal que la reduce a nota al pie en la biografía de su marido.
El descanso final: ¿realidad o leyenda?
Cuando finalmente accedí a la zona de las lápidas, mis ojos buscaron al genio, pero hoy, tras conocer a la Agnes de la ficción, es a ella a quien busco en mis recuerdos.
A la izquierda, la tumba de Anne (Agnes); a la derecha, la de William: al verlas allí, no imaginaba el peso de la historia que ella cargaba sobre sus hombros, ni que siglos después su figura sería reinterpretada en clave de amor, pérdida y creación artística.
Finalmente, comparto este vídeo de la capilla en la Holy Trinity Church. Aunque siempre existe ese halo de misterio sobre si las losas custodian realmente sus restos —especialmente por la ausencia de nombres grabados en las piedras originales—, estar allí permite conectar con esa parte física de la historia que la película ha rescatado con tanta belleza.
Fijaos en la luz de las vidrieras bañando el espacio; es un rincón que sigue custodiando la memoria de una mujer inolvidable, y después de ver Hamnet ya no se trata solo de visitar la tumba de Shakespeare, sino de reconocer la presencia silenciosa de Agnes junto a él.
Más allá de la emoción: la mirada crítica
Hamnet no solo emociona: muestra el talento de Chloé Zhao para convertir el dolor en algo que se siente en la piel, como la luz que entra por las vidrieras de la Holy Trinity. Es más directa que la novela —menos saltos en el tiempo, menos sombras en la relación de pareja—, pero así el duelo de Agnes llega más claro, sostenido por la naturaleza y por miradas que dicen todo. Buckley la hace inolvidable, una fuerza de la tierra; Mescal, un Shakespeare humano, no un monumento. Es una historia de mujer que reescribe el mito, recordándonos que amar y cuidar es arte para sobrevivir a lo peor.
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| Chloé Zhao |










