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miércoles, 22 de julio de 2026

La odisea de Christopher Nolan: Mucho ruido, poco mito

Esta semana en nuestra sección nos toca hablar de la que nos han vendido hasta la saciedad como "la película del verano": la adaptación de La odisea de Christopher Nolan. Y digo "vendido" porque, como espectadora que busca algo más que fuegos artificiales en la sala de cine, el resultado final se siente exactamente como eso: una enorme y cínica transacción comercial disfrazada de cine de autor.

El espejismo del IMAX (y por qué en España la vemos a medias)

Antes de entrar en materia, creo que es necesario hacer un apunte técnico. Nolan ha concebido y rodado esta película pensando puramente en el formato IMAX de 70mm. Para las que no estéis familiarizadas, no es solo una pantalla un poco más grande de lo normal; es un ecosistema completo donde la película física corre en horizontal para crear un fotograma inmenso, casi cuadrado (con una relación de aspecto de 1.43:1). El objetivo de esta arquitectura, sumado al diseño de grada empinada de la sala, es inundar por completo tu visión periférica, de la cabeza a los pies.

¿El problema? En toda España no existe ni una sola sala capaz de proyectar este formato puro. Así que, vayamos al cine que vayamos, ya partimos con la enorme desventaja de ver una obra "recortada" y adaptada a pantallas convencionales o IMAX digitales que se dejan por el camino gran parte de esa grandiosidad vertical. Dicho esto, y asumiendo que aquí es imposible ver la película tal y como el director la soñó, toca hablar de lo que sí hemos visto, porque me te-mo que el problema de la cinta va mucho más allá del tamaño de la pantalla.

Un casting diseñado por un algoritmo de relaciones públicas

Hablemos del elefante en la habitación. El reparto de esta película es un desastre absoluto, un batiburrillo de rostros conocidos metidos con calzador que no tienen ningún tipo de química ni cohesión en pantalla.

Ver a Matt Damon, Tom Holland, Zendaya, Robert Pattinson, Charlize Theron y Lupita Nyong'o compartiendo este universo no transmite la sensación de estar ante un crisol de culturas, sino ante un escudo corporativo. Y por si faltaba alguna casilla por marcar en el formulario de recursos humanos, ahí tenemos a Elliot Page, introducido en la trama de forma completamente artificial para cubrir la cuota de la "diversidad trans", ejem. Es un casting calculado al milímetro en despachos de Hollywood para acallar cualquier pregunta incómoda antes incluso de que se formule. En lugar de buscar intérpretes que respiren la esencia de los personajes, han rellenado un excel de representación para evitar polémicas en redes sociales, sacrificando por completo la verosimilitud de la historia.

Entretenimiento a ráfagas frente al vacío narrativo

Sería injusta si dijera que el viaje es un completo tedio. Como buen producto de estudio diseñado para no dar un respiro, la película resulta entretenida por momentos y sabe jugar con la tensión cuando se lo propone. Hay destellos de pulso firme, y admito que disfruté genuinamente con la secuencia del gigante Polifemo; ahí es donde verdaderamente sientes el terror, la asfixia y la escala de la amenaza.

El problema es que esos picos de adrenalina son solo eso: pirotecnia visual para enmascarar un vacío abismal. Nolan ha despojado al relato de toda su poesía, su mística y su profundidad existencial para entregarnos un blockbuster ruidoso. Los dioses y el resto de los monstruos están ahí, pero en conjunto se sienten como un mero trámite de efectos especiales, sin el peso simbólico que exige la obra original.

Lo poco salvable: Ítaca y la realidad del asedio

Si hay algo a lo que podemos agarrarnos en estas casi tres horas de metraje, es al retrato que se hace de Ítaca. La trama de Penélope (Anne Hathaway) y la invasión de los pretendientes se despoja de romanticismos baratos. Al menos, el guion acierta al enmarcar el acoso que sufre en su propio palacio como lo que es: pura y dura violencia machista. Es un reflejo crudo de un entorno de poder masculino intentando anularla, y Hathaway defiende el papel con la poca dignidad que la maquinaria del estudio le permite.

El veredicto

Al final, La odisea de Nolan es un monumento a la vanidad de una industria que cree que con talonario y cuotas de pantalla se puede comprar la épica. Parece que al responsable de cintas como Inception, Interstellar, Tenet u Oppenheimer se le ha olvidado un pequeño gran detalle: La odisea no es ciencia ficción ni un puzle temporal, es un mito fundacional. Y los mitos requieren un alma y una sensibilidad que aquí brillan por su ausencia.

Aunque la cinta tiene momentos de tensión bien ejecutados que consiguen entretener, en el fondo es una superproducción hueca, diseñada para la taquilla y los titulares. Una oportunidad perdida que nos recuerda por qué, muchas veces, es preferible refugiarse en el cine independiente o en propuestas de directores asiáticos que sí saben tratar el ritmo y la profundidad de sus historias con el respeto que merecen. En definitiva, podéis ahorraros el viaje.

Reparto principal: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Lupita Nyong'o, Zendaya, Charlize Theron, Samantha Morton, John Leguizamo, Himesh Patel, Jon Bernthal, Bill Irwin, Benny Safdie, Robert Pattinson y Elliot Page.

Christopher Nolan
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Actualización: Después de publicar esta reseña, sentí la necesidad urgente de desintoxicarme de tanta testosterona hollywoodiense y me refugié en mis estanterías. Si queréis saber por qué el poema de hace tres milenios respeta mucho más la inteligencia de las mujeres que este guion del siglo XXI, os he dejado una reflexión completa en mi otro blog. Podéis leerla aquí:  La Odisea de Homero: Las mujeres que sostienen el mito y que Hollywood decidió silenciar

sábado, 11 de julio de 2026

Un taxi en Tokio 東京タクシー Yôji Yamada 山田 洋次


Las salas españolas reciben una de esas pequeñas joyas que invitan a bajar el ritmo y dejarse llevar. Hablamos de Un taxi en Tokio (título original Tokyo Taxi), la nueva película del incombustible director japonés Yôji Yamada. A sus 93 años y con más de 90 películas a sus espaldas, el maestro nipón nos demuestra que la sensibilidad no envejece, sino que se afina con el tiempo. Aunque Yamada suele envolvernos en historias enmarcadas en el shomin-geki o cine de lo cotidiano —fiel a ese retrato íntimo y costumbrista de la gente común—, no debemos dejarnos engañar por su aparente amabilidad. Si como espectadoras prestamos la debida atención, descubriremos que bajo esa pátina de sencillez formal, sus películas siempre esconden una firme y afilada denuncia social.

La premisa de la cinta es tan sencilla como profunda. Una mujer mayor sube a un taxi y, durante el recorrido por las calles de la capital japonesa, el conductor la acompaña por los lugares exactos que han marcado su vida. Lo que comienza como un mero servicio de transporte se transforma en una cartografía íntima de la memoria.

A través de la voz de nuestra protagonista, el asiento trasero del taxi se convierte en un confesionario de la historia. La narración arranca desde las cenizas del 10 de marzo de 1945, fecha del terrible bombardeo incendiario de Tokio a manos de la aviación estadounidense, marcando el inicio de una vida atravesada por la tragedia del país.

La película tiene la valentía de no esquivar temas espinosos para la sociedad nipona. A través de los recuerdos de la pasajera, nos adentramos en su romance de juventud con un muchacho coreano de segunda generación que termina marchándose para reconstruir su país tras la Guerra de Corea. Este episodio es crucial porque pone sobre la mesa una realidad histórica muy dura: la profunda discriminación y las barreras burocráticas casi insalvables para obtener la nacionalidad japonesa que sufría la población de origen coreano.

Pero, como espectadoras, quizás el tramo que más nos estremece es su testimonio sobre los malos tratos. En un reflejo perfecto del machismo sistémico de la época, la cinta nos muestra una conversación donde su propia madre normaliza los golpes argumentando que su marido también lo hacía. La película expone la crudeza de un Japón en el que la violencia machista estaba tan enraizada que golpear a la esposa y a los hijos era una práctica tolerada dentro de las casas. Ese sufrimiento se silenciaba a la fuerza y ni siquiera estaba contemplado como un motivo válido para conceder el divorcio a las mujeres que lo padecían.

Frente a esta avalancha de memoria y dolor, encontramos al volante a un fantástico Takuya Kimura, que nos demuestra una vez más su enorme talla como actor. Su interpretación es el ancla emocional del presente; Kimura construye un personaje que sabe escuchar, que evoluciona desde la cortesía profesional hasta convertirse en el confidente necesario para que estas heridas históricas y personales puedan salir a la luz. Su contención y empatía son el contrapeso perfecto al drama narrado.

Y en el asiento de atrás, poniendo voz a toda una generación silenciada, tenemos a la inmensa Chieko Baishô. A las lectoras habituales de Cosas de Bara seguro que os resulta muy familiar, ya que hace muy poco hablé por aquí de su magistral papel protagonista en Kiri no hata, cinta que, por cierto, también dirigió el propio Yoji Yamada. En esta nueva colaboración, Baishô nos regala una interpretación honesta y conmovedora que carga con todo el peso de la película sin perder un ápice de dignidad.

En definitiva, si buscáis refugiaros en una sala de cine para huir del ruido y las prisas, Un taxi en Tokio es una elección obligatoria. Un viaje pausado y hermoso que, a través de la ventanilla de un coche, nos invita a no olvidar de dónde venimos.

Reparto:

  • Chieko Baishô: Sumire Takano
  • Yu Aoi: Sumire (joven)
  • Takuya Kimura: Koji Usami (el taxista)
  • Takaya Sakoda: Takeshi Ogawa (marido de Sumire)
  • Yuka: Kaoru Usami (esposa de Koji)
  • Runa Nakashima: Nana Usami (hija de Koji)
  • Misuzu Kamino: Nobuko Takano (madre de Sumire)
  • Lee Jun-young: Kim Young-gi (el joven coreano)
  • Takashi Sasano: Seiichiro Abe
  • Sanma Akashiya: Sada, colega de Koji (voz)
  • Shinobu Otake: Keiko la hermana mayor de Koji (voz)



Yoji Yamada


sábado, 27 de junio de 2026

Pálida luz de las colinas 遠い山なみの光 - Kei Ishikawa 石川 慶 el arte de filmar los silencios de Kazuo Ishiguro カズオ・イシグロ


Este fin de semana ha llegado a algunas de nuestras salas una de esas joyas del cine asiático que justifican pagar la entrada y dejarse envolver por la oscuridad del cine. Fui a verla en cuanto se estrenó y os aseguro que la experiencia merece muchísimo la pena. Se trata de la adaptación de Pálida luz de las colinas (遠い山なみの光), la novela debut con la que el Nobel Kazuo Ishiguro se dio a conocer en 1982. Si sois de quienes piensan que "el libro siempre es mejor", os adelanto que esta película ha logrado tambalear mis propias convicciones como lectora y cinéfila.

El director Kei Ishikawa (石川 慶) ha conseguido la proeza de traducir al lenguaje visual un fascinante thriller psicológico construido a base de ambigüedades y recuerdos engañosos.

Esta sorprendente coproducción entre Japón, Reino Unido y Polonia arranca con un acierto absoluto: una sucesión de fotografías reales en blanco y negro de la gente en las calles de Nagasaki que nos sitúan de golpe en la atmósfera de la época. A partir de ahí, la película teje un retrato mucho más sutil sobre el estigma hacia los hibakusha (los supervivientes de la bomba atómica), dejándose sentir en consejos vecinales sobre el miedo a la radiación en las verduras, aunque en momentos puntuales el desprecio estalla de forma explícita, como el cruel altercado en el restaurante donde acusan a la niña de poder contagiarles. Sin embargo, el verdadero motor visceral de la historia es la asfixiante lucha de unos nuevos tiempos que intentan democratizarse y salir a flote chocando frontalmente contra las antiguas costumbres. Esta herida abierta se escenifica magistralmente en la tensión entre el suegro, atrincherado en el orgullo de la educación tradicional, y el joven maestro que tilda el pasado de lavado de cerebro y aboga por un "nuevo amanecer" para la sociedad japonesa.

Es una película visualmente hipnótica, triste pero bellísima, que captura a la perfección la melancolía y la asfixia de una sociedad que intentaba reconstruirse sobre demasiados escombros. No dejéis pasar la oportunidad de disfrutarla en pantalla grande estos días.

Reparto principal:

  • Suzu Hirose como Etsuko (joven)
  • Yoh Yoshida como Etsuko (adulta)
  • Fumi Nikaidô como Sachiko
  • Mio Suzuki como Mariko
  • Camilla Aiko como Niki
  • Kôhei Matsushita como Jiro
  • Tomokazu Miura como el Sr. Ogata

Y para quienes os quedéis con ganas de diseccionar el final (que tiene mucha tela que cortar) y ver cómo se compara exactamente con la novela original, os he dejado un análisis profundo y con spoilers en mi blog literario. Podéis leer el ensayo completo pinchando aquí: Cosas de Bara





viernes, 27 de marzo de 2026

🚀 "Proyecto Salvación" (Project Hail Mary): el espacio, un tipo listo y un vecino de otro mundo


Esta semana en el blog me pongo el traje espacial. Si eres una apasionada de la ciencia ficción, esta es de esas historias que te reconcilian con el género. Proyecto Salvación (Project Hail Mary, 2026) adapta la novela superventas de Andy Weir publicada en 2021, uno de los grandes éxitos de la ciencia ficción reciente por su mezcla de ciencia, suspense y buen humor. Aquí tenemos todos los ingredientes que nos hacen vibrar: la inmensidad del espacio, problemas que parecen imposibles de resolver y esa tensión constante de “qué va a pasar ahora”.

Del papel a la gran pantalla

La película nace de la mente de Andy Weir, el mismo autor que nos mantuvo en vilo con The Martian (Marte), y que aquí apuesta por una historia menos solitaria y mucho más volcada en la cooperación y la empatía. Weir tiene un don especial para convertir la ciencia compleja en algo emocionante, y con Proyecto Salvación lo eleva a la máxima potencia. Para trasladar esta aventura al cine, la dirección ha caído en manos de Phil Lord y Christopher Miller, que producen y dirigen la cinta a partir de un guion de Drew Goddard, el guionista de la adaptación de The Martian. Estos directores son expertos en equilibrar el humor con la acción trepidante, y consiguen que una historia que ocurre a años luz de casa se sienta vibrante, cercana y llena de vida.

El carisma de Ryan Gosling

Hablemos claro: Ryan Gosling no solo pone la cara bonita (que también). Aquí se luce con una interpretación de esas que sostienen toda la película, encarnando a Ryland Grace, un profesor de ciencias que despierta solo en una nave espacial, sin memoria, y descubre que tiene que salvar la Tierra con poco más que su ingenio. Ryan Gosling, que además produce la película, logra que un personaje pensado para el gran público tenga una profundidad real: es brillante, simpático, torpe a ratos y muy vulnerable, y es imposible no empatizar con él desde el minuto uno. Según el propio equipo, el trabajo con asesores científicos y el enfoque del guion han buscado que se sienta como un profesor real, más que como un héroe de acción musculado.

Una amistad de otra galaxia (al estilo E.T.)

Pero la verdadera joya de la corona es la aparición de nuestro “marciano” favorito. Si E.T. nos robó el corazón por ser tan divertido y tierno, aquí vivimos una experiencia similar, actualizada a los nuevos tiempos: el compañero alienígena de Ryland, Rocky, es una criatura con una biología y una manera de comunicarse radicalmente distintas, pero con un corazón enorme. La relación que se forja entre ambos es una de las cosas más emotivas y refrescantes que ha dado la ciencia ficción reciente: empiezan resolviendo problemas y haciendo matemáticas juntos, y acaban construyendo una amistad basada en la paciencia, la traducción constante y la voluntad de entender a alguien que no se parece en nada a ti. Es un recordatorio precioso de que, incluso en el vacío más absoluto, la comunicación y la empatía son las mejores herramientas de supervivencia.

¿Por qué no te la puedes perder?

  • 🚀 Imágenes espectaculares: visualmente es un festín; el espacio se siente tan vasto como peligroso gracias al trabajo de Lord y Miller.
  • 🧪 Ciencia con ritmo: hay términos técnicos y cálculos, pero nunca se hacen densos; la película apuesta por una “adrenalina intelectual”.
  • 🌟 Optimismo puro: frente a tanta sci-fi distópica, aquí hay luz, humor y esperanza; el gran tema es la cooperación.

🧐 Curiosidades: detrás de las cámaras

Directores de animación: Lord y Miller traen la energía visual de Spider-Verse a esta aventura real.

Más que heroísmo solitario: El guion de Drew Goddard apuesta más fuerte por la cooperación y la amistad.

El título original viene del fútbol americano: un 'Hail Mary' es ese pase milagroso que lanzas cuando ya no queda tiempo. Así de desesperada es la misión de Ryland Grace🚀

El autor en modo “friki”: Andy Weir trabajó como ingeniero de software y se obsesiona con la veracidad científica.

💬 ¡Ahora te toca a ti!

Me encantará saber qué te ha parecido esta recomendación:

  • ¿Prefieres leer primero el libro o vas directa a la pantalla con Ryan Gosling? El libro fue uno de los grandes fenómenos de 2021.
  • ¿Cuál es tu película de alienígenas “buenos” favorita? ¿Eres más de E.T., de la melancolía lingüística de Arrival, o te ha conquistado ya Rocky?

Cuéntamelo en los comentarios. Nos leemos el próximo viernes con más cine, más palomitas e historias que nos hagan soñar.

Veredicto: una película imprescindible para disfrutar el viernes. Acompaña a Ryland Grace en este viaje intergaláctico: ¡no os vais a arrepentir!


Christopher Miller - Phil Lord

sábado, 14 de marzo de 2026

Los pecadores (Sinners), de Ryan Coogler: El blues de las dieciséis candidaturas

Lo que pasó aquella noche en el garito no fue solo una matanza vampírica: fue, para quienes estuvieron allí, el mejor día de su vida, hasta que salió el sol
Hay películas que parecen hechas para verlas en una sala llena y salir medio flotando, con la sensación de haber vivido un gran espectáculo. Los pecadores (Sinners), el proyecto vampírico y musical de Ryan Coogler con Michael B. Jordan por partida doble, es justo eso: un derroche de blues, sangre y puro cine que, si fuera por mí, arrasaría en todos los premios.

Un refugio en el corazón del Delta

Coogler coloca la historia en el delta del Mississippi en 1932. Dos hermanos gemelos, Smoke y Stack Moore (los dos interpretados por Jordan), vuelven de Chicago para convertir un viejo matadero en un “juke joint”: un garito de mala reputación, lleno de música, alcohol y deseo, donde la gente negra puede divertirse lejos de miradas blancas y sermones. Lo que empieza como el sueño de abrir un local se complica enseguida: la película no se olvida del racismo, la pobreza ni el peso de la religión, y lo mezcla todo con vampiros. El jefe de esos vampiros es Remmick (Jack O’Connell), un irlandés eternamente joven que llega con una promesa peligrosa: un paraíso sin racismo a cambio de sangre. Aunque O’Connell es británico, baila y se mueve con tanta soltura que una diría que lleva toda la vida en los pubs de Dublín, lo que refuerza esa sensación de “europeo errante” que viene a chuparle la vida al delta.

Donde el blues manda más que el colmillo

Lo mejor de Los pecadores es que aquí el mordisco no manda tanto como la música. El primo de los gemelos, Sammie “Preacherboy” Moore (Miles Caton), es un guitarrista y cantante con futuro de leyenda, y cada vez que se sube al escenario el local se transforma. La primera noche del garito, con Sammie, el pianista Delta Slim (Delroy Lindo) y la cantante Pearline (Jayme Lawson), es de esas escenas en las que el tiempo parece pararse: la música sube, el público se deja llevar y la película se queda un rato a vivir ahí, dentro del club. Se nota que muchas canciones se grabaron en directo, con músicos de blues auténticos mezclados con el reparto, y eso da una sensación de vida que no se puede fingir.

La banda sonora, firmada por Ludwig Göransson, es el corazón de la película. Coogler y él se meten de lleno en el blues del delta: guitarras con slide, ritmos sencillos, poca cosa más… y, sin embargo, suena a mundo entero. Hay ecos de los grandes nombres del género, pero no hace falta reconocerlos para disfrutarlo. El resultado es un sonido áspero, a veces sucio, que encaja de maravilla con el calor pegajoso del local y con la entrada de los vampiros, que parecen más glamur que monstruo clásico. A esto se añaden temas más actuales, incluida una canción original de Hailee Steinfeld, y el conjunto no desentona: la película respira tradición, pero sabe que se está estrenando en 2025.

Espectáculo visual y coreografía brutal

Visualmente, Los pecadores también entra por los ojos. El gran formato hace que la pantalla se llene de cuerpos bailando, humo, sudor y brillo de instrumentos. El garito levantado en mitad de los campos de algodón es un personaje más: es refugio y trampa, fiesta y amenaza. Por allí se cruzan el Ku Klux Klan local, el pastor que ve pecado en todo y la banda de vampiros que ofrece otra forma de escaparse del dolor. Coogler mira esos cuerpos negros bailando sin idealizarlos, pero también sin convertirlos en “mensaje” a cada plano: son personas que quieren divertirse una noche, aunque el mundo se caiga fuera.

El reparto está a la altura de la jugada. Michael B. Jordan diferencia muy bien a los dos hermanos: Smoke, más cerrado, cargado de culpa y de rabia; Stack, encantador pero cobarde cuando la cosa se pone fea. Impresionante la escena donde Stack espera solo a los del Ku Klux Klan: los va eliminando uno a uno en una coreografía brutal y apoteósica que te deja sin respiración –es de esas secuencias que justifican por sí solas la entrada al cine. A su alrededor brillan Wunmi Mosaku como Annie, la esposa de Smoke, que recurre al Hoodoo (sus propias creencias y rituales) en vez de al dios de los blancos; Hailee Steinfeld como Mary, la exnovia de Stack que se hace pasar por blanca pese a sus raíces multirraciales; y Miles Caton, que consigue que te creas que Sammie puede cambiar la atmósfera de un sitio solo con su guitarra. Delroy Lindo y Buddy Guy aportan esa tristeza suave de quien ya ha vivido demasiadas noches parecidas, y Jack O’Connell hace de Remmick un villano incómodo precisamente porque entiende el dolor de la comunidad a la que quiere devorar.

Un amanecer que lo cambia todo

Una de las ideas más bonitas de la película se entiende del todo en el epílogo, que salta a 1992. Vemos al Sammie anciano, convertido en estrella de blues, visitado por Stack y Mary. Lo que pasó aquella noche en el garito no fue solo una matanza vampírica: fue, para quienes estuvieron allí, el mejor día de su vida, hasta que salió el sol. La película insiste una y otra vez en que la música abre una puerta a otro lugar, aunque sea por unas horas. Ese “momento de libertad” tiene un precio altísimo, y ahí es donde el film se vuelve más político sin necesidad de discursos.

Como experiencia, Los pecadores, Sinners, es una gozada: mezcla terror, melodrama, comentario racial, romance maldito y musical sin pedir permiso. Hay escenas que te dejan clavada a la butaca (el primer concierto, Stack destrozando al Ku Klux Klan, el ataque final en el local, ese amanecer que lo cambia todo) y un uso del blues que hace que la película no se parezca a nada que esté ahora mismo en cartelera.

El duelo por la estatuilla

Sobre los Oscar, es impresionante el pulso que mantiene con Frankenstein. Con nada menos que 16 candidaturas, Los pecadores no solo es la gran favorita de la temporada, sino que se ha consolidado como un fenómeno incontestable que abarca desde la maestría técnica hasta la profundidad de sus interpretaciones. Es el reconocimiento definitivo a una obra que, partiendo del cine de género, ha logrado una relevancia política y artística total. Aunque para mí el duelo está reñidísimo con esa joya de Guillermo del Toro que es Frankenstein, el despliegue de Ryan Coogler merece cada una de sus nominaciones.

Eso sí, hay un Oscar que no quiero que se lleve: el de Sonido. Ese se lo dejo a nuestra Sirât, que se lo merece más. Más allá del ruido de premios y nominaciones, lo que me llevo es la sensación de haber pasado unas horas en un lugar imposible que ojalá existiera: un garito perdido en el delta donde cada canción abre una grieta entre este mundo y el otro. Si finalmente se alza con los premios principales, será el broche de oro para una película que, desde mi butaca, ya lo ha ganado todo




Ryan Coogler

Ficha Técnica

DirecciónRyan Coogler
GuionRyan Coogler
MúsicaLudwig Göransson
FotografíaAutumn Durald Arkapaw
RepartoMichael B. Jordan, Hailee Steinfeld, Miles Caton, Jack O’Connell, Wunmi Mosaku, Delroy Lindo, Jayme Lawson y Buddy Guy
PaísEstados Unidos
Año2025
Duración2h 17m
GéneroTerror / Musical / Blues
Estreno16 abril 2025 (cines). Actualmente en Movistar Plus (deseando su vuelta a las pantallas del cine)