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viernes, 20 de febrero de 2026

El agente secreto: El impacto visual de Kleber Mendonça Filho y las sombras de un guion enigmático


Hay películas que te atrapan antes de que aparezca el título en pantalla. En El agente secreto, bastan unos kilómetros de carretera y un Wagner Moura magnético al volante de su escarabajo amarillo para saber que no vamos a poder movernos del asiento.

Esa secuencia inicial es puro cine. Una parada en una gasolinera que nos sumerge en un absurdo inquietante: un cadáver a medio tapar con perros merodeando a su alrededor, y ese hombre gordo y sudoroso (interpretado por Otávio Muller) con la camisa desabrochada que resulta casi repulsivo. Este arranque es una declaración de intenciones de Kleber Mendonça Filho: un comienzo espectacular que no te deja ni parpadear.

Un Wagner Moura hipnótico en una trama que no se aclara

Moura sostiene la película con una presencia hipnótica. Su Marcelo es un hombre que huye de São Paulo buscando refugio en un Recife asfixiante por la dictadura de 1977. Sin embargo, pasada la fascinación inicial, la película nos obliga a una inquietud constante, y no siempre por buen camino. Aunque la crítica internacional la ha encumbrado, como espectadora no puedo evitar sentir que el guion se pierde en sus propias metáforas. Hay una dispersión narrativa que deja preguntas sin respuesta: el pasado de Marcelo, ese hijo distante, el motivo real por el que quieren matarle… Todo queda sugerido, pero rara vez se concreta.

Esa falta de información, sumada a personajes casi simbólicos, como el prisionero judío interpretado por el gran Udo Kier en el que fue su último papel antes de fallecer a finales de 2025, nos mantiene en una arena movediza. Es imposible no ver esa breve escena sin una punzada de tristeza: una despedida enigmática para un actor irrepetible

Pero quizás lo más frustrante es la desconexión emocional que produce el relato. Me ocurrió especialmente con las dos mujeres que transcriben las cintas magnetofónicas: durante gran parte del metraje las vemos escuchando sin entender para qué, y cuando al final se aclara su propósito, ya nos hemos desconectado de ellas. Esa distancia se traslada también a un final que me resultó descuidado: ese salto temporal nos muestra a un hijo al que parece no interesarle lo más mínimo la trágica historia de su padre, dejando una sensación de vacío que empaña la brillantez técnica de la obra.

Camino a los Oscar: El duelo de titanes

A pesar de esos peros narrativos, la película llega precedida por un éxito arrollador, sumando cuatro nominaciones a los Oscar: Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actor (merecidísima para Moura) y Mejor Dirección de Reparto. En la categoría internacional se verá las caras con nuestra gran esperanza, Sirât, de Oliver Laxe, que cuenta con dos candidaturas: Mejor Película Internacional y Mejor Sonido (siendo esta última nominación una sorpresa absoluta, pero muy merecida por cómo Laxe utiliza el espacio sonoro para envolvernos)

Y aunque la obra de Mendonça Filho es una pieza potente, mi apuesta en esta carrera está con Sirât. Ojalá la propuesta de Oliver Laxe se lleve el Oscar para España. ¡Toda la suerte del mundo para nuestra película!

Veredicto tras el visionado

Más allá de la batalla por los premios, no dejéis pasar la oportunidad de ver El agente secreto ahora que está en cartelera, aunque sea solo por ver ese inicio prodigioso y el despliegue de Wagner Moura. Yo salí del cine todavía dándole vueltas a lo que no se termina de explicar. Puede que El agente secreto se pierda en su propio laberinto, pero su sombra queda. Y a veces, eso ya es suficiente cine.

Si tenéis un hueco este fin de semana, id a verla y contadme si a vosotros os ha pasado lo mismo. Pero recordad... ¡en la gala todos con Laxe!



Kleber Mendonça Filho

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