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jueves, 27 de agosto de 2026

El ser querido - Rodrigo Sorogoyen

Esta semana la cartelera nos ha sorprendido a las más cinéfilas adelantando los estrenos. Lejos de suponer un trastorno, lo he tomado como la excusa perfecta para darle un pequeño vuelco a mi agenda —aprovechando que aún disfruto de vacaciones— y sumar un día extra de butaca y pantalla grande. Al fin y al cabo, solo se vive una vez.

Al revisar la oferta, me encontré con dos platos fuertes indudables: El ser querido y La constelación del perro. En lugar de tener que descartar, el cambio de fechas me ha permitido organizar la semana perfecta: el miércoles para nuestro cine y el viernes —como manda la tradición de este rincón— para lo último de Ridley Scott y Jacob Elordi. Reconozco que Elordi, aunque nos entregó una pifia monumental en Cumbres Borrascosas, logró redimirse y gustarme bastante en Frankenstein, así que tengo mucha curiosidad por ver qué hace ahora.

Pero centrándome ya en El ser querido, lo cierto es que no ha sido difícil la elección: apostar por Sorogoyen, Luengo y Bardem es ir sobre seguro. Javier Bardem, que en esta película está inmenso, siempre me ha parecido uno de los intérpretes más auténticos que tenemos, con una capacidad arrolladora para desnudarse frente a la cámara y resultar completamente creíble. A él le da réplica Victoria Luengo, una actriz magnética y de una contención milimétrica. Aunque confieso que como espectadora tengo muchas ganas de verla explorar otros registros, no se puede negar que es buenísima en este tipo de papeles.

A este duelo interpretativo hay que sumarle, por supuesto, la dirección de Rodrigo Sorogoyen. Si hay algo que caracteriza la filmografía del madrileño es que no tiene película mala. Sus historias siempre resultan absorbentes y de un pulso narrativo implacable, y visualmente esta cinta arranca con muchísima fuerza. Ya al inicio, cuando Bardem está esperando en un restaurante y llega Luengo —y descubrimos poco a poco el parentesco—, la cámara nos regala un juego de plano y contraplano magistral. En ese momento, sentada en la butaca, sabes de inmediato que estás viendo verdadero cine.

Sin embargo, una vez superado ese impacto inicial, nos encontramos con un argumento que no ofrece grandes novedades. Asistimos al reencuentro de un padre y una hija después de años de distanciamiento; dos personas que, en realidad, nunca tuvieron lo que podríamos llamar una vida familiar común. Durante el metraje, ambos desgranan su pasado, y es ahí donde colisionan, porque los recuerdos son muy distintos entre sí. La vulnerabilidad de la niñez, la mirada a menudo egoísta de los adultos, la alargada y tóxica sombra del alcohol... Todo este bagaje emocional se enreda en un fascinante ejercicio de metacine. Aquí, la idea de «una película dentro de una película» cobra un sentido literal y descarnado: él es el director, ella es su actriz, y el campo de batalla para este tenso reencuentro no es otro que el propio set de rodaje de su nuevo proyecto conjunto.

Toda esta historia de los recuerdos discordantes según quién los cuente y del recurso del cine dentro del cine es un terreno que ya está bastante trillado, por lo que el guion no brilla por su originalidad. Pero, ¡ojo!, con esto no quiero decir que no la haya disfrutado. Todo lo contrario. Me metí de lleno en la historia y me creí absolutamente a esa hija que siempre anheló tener un padre, igual que me creí a ese padre que, de verdad, intenta recuperarla. El envoltorio técnico es impecable: la dirección, la fotografía y unas interpretaciones que te arrastran. Si el texto me resultó predecible, lo fue porque lo que retrata son conflictos tan humanos y terrenales que no necesitan giros rebuscados. Disfruté enormemente de la proyección y salí de la sala aplaudiendo, aunque fuera de forma metafórica.

Rodrigo Sorogoyen

jueves, 13 de agosto de 2026

Living the Land (Vivir la tierra), de Huo Meng: La cruda realidad detrás de la postal


Hay películas que te engañan con su envoltorio, que te prometen la calma de un paisaje bucólico para luego golpearte con la crudeza de su realidad. Eso es exactamente lo que nos trae Living the Land (Vivir la tierra), el segundo y magnífico largometraje del director chino Huo Meng. Tras deslumbrar en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) de 2025, alzándose con el Oso de Plata a la Mejor Dirección, y después de que también la disfrutáramos en la SEMINCI de Valladolid, esta joya aterriza este viernes 14 en nuestras carteleras. Llega dispuesta a demostrarnos que, bajo la deslumbrante belleza visual del mundo rural, a menudo se esconde una violencia feroz que te deja clavada en la butaca.

Lejos de la postal complaciente

A través de una puesta en escena cuidada y una fotografía deslumbrante, la película nos traslada a Bawangtai, una aldea remota en la China de 1991. Es aquí donde el pequeño Chuang se queda al cuidado de sus tíos y abuelos porque sus padres han emigrado a Shenzhen para trabajar. A través de su mirada, somos testigos de cómo los ritmos de la vida cotidiana se mezclan con la marcha de los jóvenes y la incipiente modernización de la zona rural. Visualmente es una delicia, pero que la belleza del paisaje y las escenas de cosechas no os engañen. Huo Meng utiliza este entorno para presentarnos una obra magnífica, pero profundamente descarnada. No estamos ante el típico relato amable; aquí, la vida rural es tan bella como hostil.

La realidad detrás del costumbrismo

En el seno de esta pequeña comunidad, el director desnuda las dinámicas más oscuras. La cinta retrata con una crudeza desgarradora el peso de una sociedad implacable sobre las mujeres de la aldea; lejos de ser figuras completamente anuladas, las vemos lidiar y resistir ante las consecuencias de una violencia machista estructural y escalofriantemente normalizada en las tradiciones del pueblo. A esto se suma el implacable peso del grupo, donde el aparente costumbrismo choca contra un control asfixiante que no perdona a quien se sale de la norma, empujando a la marginalidad y golpeando con especial crueldad a los más vulnerables.

El veredicto

Living the Land es una obra honesta y salvaje que se te queda grabada mucho después de salir del cine. A nivel narrativo, el ritmo fluye con enorme naturalidad: los diálogos son muy ágiles y las transiciones evitan que la trama se estanque en ningún momento.

Una recomendación totalmente imprescindible para este fin de semana si buscáis un cine que sacuda conciencias y huya de las miradas romantizadas.


Ficha técnica

  • Título original: Shengxi zhidì (Living the Land)
  • Dirección: Huo Meng
  • Reparto: Wang Shang (como Chuang), Zhang Yanrong, Zhang Chuwen, Zhang Caixia
  • País: China
  • Año: 2025
  • Premios destacados: Oso de Plata a la Mejor Dirección en la Berlinale 2025
  • Estreno en España: 14 de agosto de 2026
Huo Meng

miércoles, 22 de julio de 2026

La odisea de Christopher Nolan: Mucho ruido, poco mito

Esta semana en nuestra sección nos toca hablar de la que nos han vendido hasta la saciedad como "la película del verano": la adaptación de La odisea de Christopher Nolan. Y digo "vendido" porque, como espectadora que busca algo más que fuegos artificiales en la sala de cine, el resultado final se siente exactamente como eso: una enorme y cínica transacción comercial disfrazada de cine de autor.

El espejismo del IMAX (y por qué en España la vemos a medias)

Antes de entrar en materia, creo que es necesario hacer un apunte técnico. Nolan ha concebido y rodado esta película pensando puramente en el formato IMAX de 70mm. Para las que no estéis familiarizadas, no es solo una pantalla un poco más grande de lo normal; es un ecosistema completo donde la película física corre en horizontal para crear un fotograma inmenso, casi cuadrado (con una relación de aspecto de 1.43:1). El objetivo de esta arquitectura, sumado al diseño de grada empinada de la sala, es inundar por completo tu visión periférica, de la cabeza a los pies.

¿El problema? En toda España no existe ni una sola sala capaz de proyectar este formato puro. Así que, vayamos al cine que vayamos, ya partimos con la enorme desventaja de ver una obra "recortada" y adaptada a pantallas convencionales o IMAX digitales que se dejan por el camino gran parte de esa grandiosidad vertical. Dicho esto, y asumiendo que aquí es imposible ver la película tal y como el director la soñó, toca hablar de lo que sí hemos visto, porque me te-mo que el problema de la cinta va mucho más allá del tamaño de la pantalla.

Un casting diseñado por un algoritmo de relaciones públicas

Hablemos del elefante en la habitación. El reparto de esta película es un desastre absoluto, un batiburrillo de rostros conocidos metidos con calzador que no tienen ningún tipo de química ni cohesión en pantalla.

Ver a Matt Damon, Tom Holland, Zendaya, Robert Pattinson, Charlize Theron y Lupita Nyong'o compartiendo este universo no transmite la sensación de estar ante un crisol de culturas, sino ante un escudo corporativo. Y por si faltaba alguna casilla por marcar en el formulario de recursos humanos, ahí tenemos a Elliot Page, introducido en la trama de forma completamente artificial para cubrir la cuota de la "diversidad trans", ejem. Es un casting calculado al milímetro en despachos de Hollywood para acallar cualquier pregunta incómoda antes incluso de que se formule. En lugar de buscar intérpretes que respiren la esencia de los personajes, han rellenado un excel de representación para evitar polémicas en redes sociales, sacrificando por completo la verosimilitud de la historia.

Entretenimiento a ráfagas frente al vacío narrativo

Sería injusta si dijera que el viaje es un completo tedio. Como buen producto de estudio diseñado para no dar un respiro, la película resulta entretenida por momentos y sabe jugar con la tensión cuando se lo propone. Hay destellos de pulso firme, y admito que disfruté genuinamente con la secuencia del gigante Polifemo; ahí es donde verdaderamente sientes el terror, la asfixia y la escala de la amenaza.

El problema es que esos picos de adrenalina son solo eso: pirotecnia visual para enmascarar un vacío abismal. Nolan ha despojado al relato de toda su poesía, su mística y su profundidad existencial para entregarnos un blockbuster ruidoso. Los dioses y el resto de los monstruos están ahí, pero en conjunto se sienten como un mero trámite de efectos especiales, sin el peso simbólico que exige la obra original.

Lo poco salvable: Ítaca y la realidad del asedio

Si hay algo a lo que podemos agarrarnos en estas casi tres horas de metraje, es al retrato que se hace de Ítaca. La trama de Penélope (Anne Hathaway) y la invasión de los pretendientes se despoja de romanticismos baratos. Al menos, el guion acierta al enmarcar el acoso que sufre en su propio palacio como lo que es: pura y dura violencia machista. Es un reflejo crudo de un entorno de poder masculino intentando anularla, y Hathaway defiende el papel con la poca dignidad que la maquinaria del estudio le permite.

El veredicto

Al final, La odisea de Nolan es un monumento a la vanidad de una industria que cree que con talonario y cuotas de pantalla se puede comprar la épica. Parece que al responsable de cintas como Inception, Interstellar, Tenet u Oppenheimer se le ha olvidado un pequeño gran detalle: La odisea no es ciencia ficción ni un puzle temporal, es un mito fundacional. Y los mitos requieren un alma y una sensibilidad que aquí brillan por su ausencia.

Aunque la cinta tiene momentos de tensión bien ejecutados que consiguen entretener, en el fondo es una superproducción hueca, diseñada para la taquilla y los titulares. Una oportunidad perdida que nos recuerda por qué, muchas veces, es preferible refugiarse en el cine independiente o en propuestas de directores asiáticos que sí saben tratar el ritmo y la profundidad de sus historias con el respeto que merecen. En definitiva, podéis ahorraros el viaje.

Reparto principal: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Lupita Nyong'o, Zendaya, Charlize Theron, Samantha Morton, John Leguizamo, Himesh Patel, Jon Bernthal, Bill Irwin, Benny Safdie, Robert Pattinson y Elliot Page.

Christopher Nolan
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Actualización: Después de publicar esta reseña, sentí la necesidad urgente de desintoxicarme de tanta testosterona hollywoodiense y me refugié en mis estanterías. Si queréis saber por qué el poema de hace tres milenios respeta mucho más la inteligencia de las mujeres que este guion del siglo XXI, os he dejado una reflexión completa en mi otro blog. Podéis leerla aquí:  La Odisea de Homero: Las mujeres que sostienen el mito y que Hollywood decidió silenciar

sábado, 11 de julio de 2026

Un taxi en Tokio 東京タクシー Yôji Yamada 山田 洋次


Las salas españolas reciben una de esas pequeñas joyas que invitan a bajar el ritmo y dejarse llevar. Hablamos de Un taxi en Tokio (título original Tokyo Taxi), la nueva película del incombustible director japonés Yôji Yamada. A sus 93 años y con más de 90 películas a sus espaldas, el maestro nipón nos demuestra que la sensibilidad no envejece, sino que se afina con el tiempo. Aunque Yamada suele envolvernos en historias enmarcadas en el shomin-geki o cine de lo cotidiano —fiel a ese retrato íntimo y costumbrista de la gente común—, no debemos dejarnos engañar por su aparente amabilidad. Si como espectadoras prestamos la debida atención, descubriremos que bajo esa pátina de sencillez formal, sus películas siempre esconden una firme y afilada denuncia social.

La premisa de la cinta es tan sencilla como profunda. Una mujer mayor sube a un taxi y, durante el recorrido por las calles de la capital japonesa, el conductor la acompaña por los lugares exactos que han marcado su vida. Lo que comienza como un mero servicio de transporte se transforma en una cartografía íntima de la memoria.

A través de la voz de nuestra protagonista, el asiento trasero del taxi se convierte en un confesionario de la historia. La narración arranca desde las cenizas del 10 de marzo de 1945, fecha del terrible bombardeo incendiario de Tokio a manos de la aviación estadounidense, marcando el inicio de una vida atravesada por la tragedia del país.

La película tiene la valentía de no esquivar temas espinosos para la sociedad nipona. A través de los recuerdos de la pasajera, nos adentramos en su romance de juventud con un muchacho coreano de segunda generación que termina marchándose para reconstruir su país tras la Guerra de Corea. Este episodio es crucial porque pone sobre la mesa una realidad histórica muy dura: la profunda discriminación y las barreras burocráticas casi insalvables para obtener la nacionalidad japonesa que sufría la población de origen coreano.

Pero, como espectadoras, quizás el tramo que más nos estremece es su testimonio sobre los malos tratos. En un reflejo perfecto del machismo sistémico de la época, la cinta nos muestra una conversación donde su propia madre normaliza los golpes argumentando que su marido también lo hacía. La película expone la crudeza de un Japón en el que la violencia machista estaba tan enraizada que golpear a la esposa y a los hijos era una práctica tolerada dentro de las casas. Ese sufrimiento se silenciaba a la fuerza y ni siquiera estaba contemplado como un motivo válido para conceder el divorcio a las mujeres que lo padecían.

Frente a esta avalancha de memoria y dolor, encontramos al volante a un fantástico Takuya Kimura, que nos demuestra una vez más su enorme talla como actor. Su interpretación es el ancla emocional del presente; Kimura construye un personaje que sabe escuchar, que evoluciona desde la cortesía profesional hasta convertirse en el confidente necesario para que estas heridas históricas y personales puedan salir a la luz. Su contención y empatía son el contrapeso perfecto al drama narrado.

Y en el asiento de atrás, poniendo voz a toda una generación silenciada, tenemos a la inmensa Chieko Baishô. A las lectoras habituales de Cosas de Bara seguro que os resulta muy familiar, ya que hace muy poco hablé por aquí de su magistral papel protagonista en Kiri no hata, cinta que, por cierto, también dirigió el propio Yoji Yamada. En esta nueva colaboración, Baishô nos regala una interpretación honesta y conmovedora que carga con todo el peso de la película sin perder un ápice de dignidad.

En definitiva, si buscáis refugiaros en una sala de cine para huir del ruido y las prisas, Un taxi en Tokio es una elección obligatoria. Un viaje pausado y hermoso que, a través de la ventanilla de un coche, nos invita a no olvidar de dónde venimos.

Reparto:

  • Chieko Baishô: Sumire Takano
  • Yu Aoi: Sumire (joven)
  • Takuya Kimura: Koji Usami (el taxista)
  • Takaya Sakoda: Takeshi Ogawa (marido de Sumire)
  • Yuka: Kaoru Usami (esposa de Koji)
  • Runa Nakashima: Nana Usami (hija de Koji)
  • Misuzu Kamino: Nobuko Takano (madre de Sumire)
  • Lee Jun-young: Kim Young-gi (el joven coreano)
  • Takashi Sasano: Seiichiro Abe
  • Sanma Akashiya: Sada, colega de Koji (voz)
  • Shinobu Otake: Keiko la hermana mayor de Koji (voz)



Yoji Yamada


sábado, 27 de junio de 2026

Pálida luz de las colinas 遠い山なみの光 - Kei Ishikawa 石川 慶 el arte de filmar los silencios de Kazuo Ishiguro カズオ・イシグロ


Este fin de semana ha llegado a algunas de nuestras salas una de esas joyas del cine asiático que justifican pagar la entrada y dejarse envolver por la oscuridad del cine. Fui a verla en cuanto se estrenó y os aseguro que la experiencia merece muchísimo la pena. Se trata de la adaptación de Pálida luz de las colinas (遠い山なみの光), la novela debut con la que el Nobel Kazuo Ishiguro se dio a conocer en 1982. Si sois de quienes piensan que "el libro siempre es mejor", os adelanto que esta película ha logrado tambalear mis propias convicciones como lectora y cinéfila.

El director Kei Ishikawa (石川 慶) ha conseguido la proeza de traducir al lenguaje visual un fascinante thriller psicológico construido a base de ambigüedades y recuerdos engañosos.

Esta sorprendente coproducción entre Japón, Reino Unido y Polonia arranca con un acierto absoluto: una sucesión de fotografías reales en blanco y negro de la gente en las calles de Nagasaki que nos sitúan de golpe en la atmósfera de la época. A partir de ahí, la película teje un retrato mucho más sutil sobre el estigma hacia los hibakusha (los supervivientes de la bomba atómica), dejándose sentir en consejos vecinales sobre el miedo a la radiación en las verduras, aunque en momentos puntuales el desprecio estalla de forma explícita, como el cruel altercado en el restaurante donde acusan a la niña de poder contagiarles. Sin embargo, el verdadero motor visceral de la historia es la asfixiante lucha de unos nuevos tiempos que intentan democratizarse y salir a flote chocando frontalmente contra las antiguas costumbres. Esta herida abierta se escenifica magistralmente en la tensión entre el suegro, atrincherado en el orgullo de la educación tradicional, y el joven maestro que tilda el pasado de lavado de cerebro y aboga por un "nuevo amanecer" para la sociedad japonesa.

Es una película visualmente hipnótica, triste pero bellísima, que captura a la perfección la melancolía y la asfixia de una sociedad que intentaba reconstruirse sobre demasiados escombros. No dejéis pasar la oportunidad de disfrutarla en pantalla grande estos días.

Reparto principal:

  • Suzu Hirose como Etsuko (joven)
  • Yoh Yoshida como Etsuko (adulta)
  • Fumi Nikaidô como Sachiko
  • Mio Suzuki como Mariko
  • Camilla Aiko como Niki
  • Kôhei Matsushita como Jiro
  • Tomokazu Miura como el Sr. Ogata

Y para quienes os quedéis con ganas de diseccionar el final (que tiene mucha tela que cortar) y ver cómo se compara exactamente con la novela original, os he dejado un análisis profundo y con spoilers en mi blog literario. Podéis leer el ensayo completo pinchando aquí: Cosas de Bara





viernes, 27 de marzo de 2026

🚀 "Proyecto Salvación" (Project Hail Mary): el espacio, un tipo listo y un vecino de otro mundo


Esta semana en el blog me pongo el traje espacial. Si eres una apasionada de la ciencia ficción, esta es de esas historias que te reconcilian con el género. Proyecto Salvación (Project Hail Mary, 2026) adapta la novela superventas de Andy Weir publicada en 2021, uno de los grandes éxitos de la ciencia ficción reciente por su mezcla de ciencia, suspense y buen humor. Aquí tenemos todos los ingredientes que nos hacen vibrar: la inmensidad del espacio, problemas que parecen imposibles de resolver y esa tensión constante de “qué va a pasar ahora”.

Del papel a la gran pantalla

La película nace de la mente de Andy Weir, el mismo autor que nos mantuvo en vilo con The Martian (Marte), y que aquí apuesta por una historia menos solitaria y mucho más volcada en la cooperación y la empatía. Weir tiene un don especial para convertir la ciencia compleja en algo emocionante, y con Proyecto Salvación lo eleva a la máxima potencia. Para trasladar esta aventura al cine, la dirección ha caído en manos de Phil Lord y Christopher Miller, que producen y dirigen la cinta a partir de un guion de Drew Goddard, el guionista de la adaptación de The Martian. Estos directores son expertos en equilibrar el humor con la acción trepidante, y consiguen que una historia que ocurre a años luz de casa se sienta vibrante, cercana y llena de vida.

El carisma de Ryan Gosling

Hablemos claro: Ryan Gosling no solo pone la cara bonita (que también). Aquí se luce con una interpretación de esas que sostienen toda la película, encarnando a Ryland Grace, un profesor de ciencias que despierta solo en una nave espacial, sin memoria, y descubre que tiene que salvar la Tierra con poco más que su ingenio. Ryan Gosling, que además produce la película, logra que un personaje pensado para el gran público tenga una profundidad real: es brillante, simpático, torpe a ratos y muy vulnerable, y es imposible no empatizar con él desde el minuto uno. Según el propio equipo, el trabajo con asesores científicos y el enfoque del guion han buscado que se sienta como un profesor real, más que como un héroe de acción musculado.

Una amistad de otra galaxia (al estilo E.T.)

Pero la verdadera joya de la corona es la aparición de nuestro “marciano” favorito. Si E.T. nos robó el corazón por ser tan divertido y tierno, aquí vivimos una experiencia similar, actualizada a los nuevos tiempos: el compañero alienígena de Ryland, Rocky, es una criatura con una biología y una manera de comunicarse radicalmente distintas, pero con un corazón enorme. La relación que se forja entre ambos es una de las cosas más emotivas y refrescantes que ha dado la ciencia ficción reciente: empiezan resolviendo problemas y haciendo matemáticas juntos, y acaban construyendo una amistad basada en la paciencia, la traducción constante y la voluntad de entender a alguien que no se parece en nada a ti. Es un recordatorio precioso de que, incluso en el vacío más absoluto, la comunicación y la empatía son las mejores herramientas de supervivencia.

¿Por qué no te la puedes perder?

  • 🚀 Imágenes espectaculares: visualmente es un festín; el espacio se siente tan vasto como peligroso gracias al trabajo de Lord y Miller.
  • 🧪 Ciencia con ritmo: hay términos técnicos y cálculos, pero nunca se hacen densos; la película apuesta por una “adrenalina intelectual”.
  • 🌟 Optimismo puro: frente a tanta sci-fi distópica, aquí hay luz, humor y esperanza; el gran tema es la cooperación.

🧐 Curiosidades: detrás de las cámaras

Directores de animación: Lord y Miller traen la energía visual de Spider-Verse a esta aventura real.

Más que heroísmo solitario: El guion de Drew Goddard apuesta más fuerte por la cooperación y la amistad.

El título original viene del fútbol americano: un 'Hail Mary' es ese pase milagroso que lanzas cuando ya no queda tiempo. Así de desesperada es la misión de Ryland Grace🚀

El autor en modo “friki”: Andy Weir trabajó como ingeniero de software y se obsesiona con la veracidad científica.

💬 ¡Ahora te toca a ti!

Me encantará saber qué te ha parecido esta recomendación:

  • ¿Prefieres leer primero el libro o vas directa a la pantalla con Ryan Gosling? El libro fue uno de los grandes fenómenos de 2021.
  • ¿Cuál es tu película de alienígenas “buenos” favorita? ¿Eres más de E.T., de la melancolía lingüística de Arrival, o te ha conquistado ya Rocky?

Cuéntamelo en los comentarios. Nos leemos el próximo viernes con más cine, más palomitas e historias que nos hagan soñar.

Veredicto: una película imprescindible para disfrutar el viernes. Acompaña a Ryland Grace en este viaje intergaláctico: ¡no os vais a arrepentir!


Christopher Miller - Phil Lord