Hay películas que parten de lo improbable para rozar la verdad. Rental Family, de Hikari, es una de ellas. Imagina un hombre en Tokio cuya profesión consiste en fingir que pertenece a la vida de los demás: padre, novio, hermano, periodista. Lo contratan para llenar huecos, para sostener la forma de algo que se rompió hace tiempo. Pero, como sucede en los relatos que parecen ligeros y terminan por doler, la farsa empieza a revelar su propia ternura.
Brendan Fraser encarna a ese extranjero que sobrevive entre la precariedad y la impostura. Lo que podría ser un papel excéntrico se transforma, bajo la dirección de Hikari, en una exploración sobre la vulnerabilidad y la pertenencia. Su mirada —cansada pero luminosa— contiene un tipo de compasión que escapa a las palabras: la de quien observa el mundo sin entenderlo del todo, y precisamente por eso puede ofrecer consuelo. El “gaijin”, ese término con el que el idioma japonés designa lo que está fuera, se convierte aquí en un espejo. No impone una mirada extranjera, sino que permite que lo íntimo fluya en otra dirección: de lo local hacia lo universal.
Hikari no teme el artificio. Su película elige la ternura en lugar del drama, y en esa elección hay una forma de resistencia. Cada encuentro entre Fraser y sus “familias” inventadas abre un resquicio en la soledad. En esos gestos contractuales, pagados por horas, aparece una forma de amor más pura que cualquier vínculo biológico.
Pienso en Tokyo Sonata, de Kiyoshi Kurosawa, aquella familia deshilachándose en silencio que intenté descifrar en el blog de Cosas de Bara. Allí el derrumbe estaba aún agazapado bajo la mesa del comedor; en Rental Family, en cambio, la caída ya ha ocurrido y solo queda recoger los restos y fingir una nueva forma de hogar. En cada plano hay un pudor luminoso: cafés en penumbra, pasillos donde lo artificial se disuelve en una respiración compartida.
Visualmente, la película rehúye del espectáculo. Filma los espacios domésticos con la precisión de quien sabe que los afectos —como las sombras— solo se revelan en la distancia justa. La cámara de Hikari acompaña sin irrumpir, dejando que los cuerpos hablen en sus silencios.
Al final, Rental Family plantea algo tan sencillo como urgente: quizá fingir cariño sea, a veces, la única manera de recordar cómo se siente el cariño real. En esa paradoja habita toda su verdad, y también su belleza.
Ficha técnica
- Directora: Hikari ひかり (宮崎 光代 Miyazaki Mitsuyo)
- Año: 2025 (estrenada en España a principios de enero de 2026)
- Duración: 103 min
- Reparto: Brendan Fraser, Mari Yamamoto, Takehiro Hira, Akira Emoto
¿Sabías que...? El negocio de la soledad real
Aunque la película de Hikari ひかり nos parezca una fantasía, en Japón existe una industria real llamada "Bakemono" o servicios de "Alquiler de personas".
- Empresas pioneras: Compañías como Family Romance (fundada por Ishii Yuichi) ofrecen un catálogo de más de 800 actores para alquilar.
- Más que familias: No solo se alquilan padres o maridos; los servicios más solicitados incluyen "amigos" para hacerse fotos en Instagram, invitados para bodas e incluso personas que piden perdón por ti en el trabajo.
- El precio de la compañía: Alquilar a un "padre" para una tarde puede costar unos 20.000 yenes (unos 120€ aproximadamente), más los gastos de comida o transporte del actor.
- La norma de oro: Al igual que en la película, la regla número uno es "prohibido el contacto físico". Es una transacción puramente emocional y social.
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