Un refugio en el corazón del Delta
Coogler coloca la historia en el delta del Mississippi en 1932. Dos hermanos gemelos, Smoke y Stack Moore (los dos interpretados por Jordan), vuelven de Chicago para convertir un viejo matadero en un “juke joint”: un garito de mala reputación, lleno de música, alcohol y deseo, donde la gente negra puede divertirse lejos de miradas blancas y sermones. Lo que empieza como el sueño de abrir un local se complica enseguida: la película no se olvida del racismo, la pobreza ni el peso de la religión, y lo mezcla todo con vampiros. El jefe de esos vampiros es Remmick (Jack O’Connell), un irlandés eternamente joven que llega con una promesa peligrosa: un paraíso sin racismo a cambio de sangre. Aunque O’Connell es británico, baila y se mueve con tanta soltura que una diría que lleva toda la vida en los pubs de Dublín, lo que refuerza esa sensación de “europeo errante” que viene a chuparle la vida al delta.
Donde el blues manda más que el colmillo
Lo mejor de Los pecadores es que aquí el mordisco no manda tanto como la música. El primo de los gemelos, Sammie “Preacherboy” Moore (Miles Caton), es un guitarrista y cantante con futuro de leyenda, y cada vez que se sube al escenario el local se transforma. La primera noche del garito, con Sammie, el pianista Delta Slim (Delroy Lindo) y la cantante Pearline (Jayme Lawson), es de esas escenas en las que el tiempo parece pararse: la música sube, el público se deja llevar y la película se queda un rato a vivir ahí, dentro del club. Se nota que muchas canciones se grabaron en directo, con músicos de blues auténticos mezclados con el reparto, y eso da una sensación de vida que no se puede fingir.
La banda sonora, firmada por Ludwig Göransson, es el corazón de la película. Coogler y él se meten de lleno en el blues del delta: guitarras con slide, ritmos sencillos, poca cosa más… y, sin embargo, suena a mundo entero. Hay ecos de los grandes nombres del género, pero no hace falta reconocerlos para disfrutarlo. El resultado es un sonido áspero, a veces sucio, que encaja de maravilla con el calor pegajoso del local y con la entrada de los vampiros, que parecen más glamur que monstruo clásico. A esto se añaden temas más actuales, incluida una canción original de Hailee Steinfeld, y el conjunto no desentona: la película respira tradición, pero sabe que se está estrenando en 2025.
Espectáculo visual y coreografía brutal
Visualmente, Los pecadores también entra por los ojos. El gran formato hace que la pantalla se llene de cuerpos bailando, humo, sudor y brillo de instrumentos. El garito levantado en mitad de los campos de algodón es un personaje más: es refugio y trampa, fiesta y amenaza. Por allí se cruzan el Ku Klux Klan local, el pastor que ve pecado en todo y la banda de vampiros que ofrece otra forma de escaparse del dolor. Coogler mira esos cuerpos negros bailando sin idealizarlos, pero también sin convertirlos en “mensaje” a cada plano: son personas que quieren divertirse una noche, aunque el mundo se caiga fuera.
El reparto está a la altura de la jugada. Michael B. Jordan diferencia muy bien a los dos hermanos: Smoke, más cerrado, cargado de culpa y de rabia; Stack, encantador pero cobarde cuando la cosa se pone fea. Impresionante la escena donde Stack espera solo a los del Ku Klux Klan: los va eliminando uno a uno en una coreografía brutal y apoteósica que te deja sin respiración –es de esas secuencias que justifican por sí solas la entrada al cine. A su alrededor brillan Wunmi Mosaku como Annie, la esposa de Smoke, que recurre al Hoodoo (sus propias creencias y rituales) en vez de al dios de los blancos; Hailee Steinfeld como Mary, la exnovia de Stack que se hace pasar por blanca pese a sus raíces multirraciales; y Miles Caton, que consigue que te creas que Sammie puede cambiar la atmósfera de un sitio solo con su guitarra. Delroy Lindo y Buddy Guy aportan esa tristeza suave de quien ya ha vivido demasiadas noches parecidas, y Jack O’Connell hace de Remmick un villano incómodo precisamente porque entiende el dolor de la comunidad a la que quiere devorar.
Un amanecer que lo cambia todo
Una de las ideas más bonitas de la película se entiende del todo en el epílogo, que salta a 1992. Vemos al Sammie anciano, convertido en estrella de blues, visitado por Stack y Mary. Lo que pasó aquella noche en el garito no fue solo una matanza vampírica: fue, para quienes estuvieron allí, el mejor día de su vida, hasta que salió el sol. La película insiste una y otra vez en que la música abre una puerta a otro lugar, aunque sea por unas horas. Ese “momento de libertad” tiene un precio altísimo, y ahí es donde el film se vuelve más político sin necesidad de discursos.
Como experiencia, Los pecadores, Sinners, es una gozada: mezcla terror, melodrama, comentario racial, romance maldito y musical sin pedir permiso. Hay escenas que te dejan clavada a la butaca (el primer concierto, Stack destrozando al Ku Klux Klan, el ataque final en el local, ese amanecer que lo cambia todo) y un uso del blues que hace que la película no se parezca a nada que esté ahora mismo en cartelera.
El duelo por la estatuilla
Sobre los Oscar, es impresionante el pulso que mantiene con Frankenstein. Con nada menos que 16 candidaturas, Los pecadores no solo es la gran favorita de la temporada, sino que se ha consolidado como un fenómeno incontestable que abarca desde la maestría técnica hasta la profundidad de sus interpretaciones. Es el reconocimiento definitivo a una obra que, partiendo del cine de género, ha logrado una relevancia política y artística total. Aunque para mí el duelo está reñidísimo con esa joya de Guillermo del Toro que es Frankenstein, el despliegue de Ryan Coogler merece cada una de sus nominaciones.
Eso sí, hay un Oscar que no quiero que se lleve: el de Sonido. Ese se lo dejo a nuestra Sirât, que se lo merece más. Más allá del ruido de premios y nominaciones, lo que me llevo es la sensación de haber pasado unas horas en un lugar imposible que ojalá existiera: un garito perdido en el delta donde cada canción abre una grieta entre este mundo y el otro. Si finalmente se alza con los premios principales, será el broche de oro para una película que, desde mi butaca, ya lo ha ganado todo

![]() |
| Ryan Coogler |
Ficha Técnica
| Dirección | Ryan Coogler |
| Guion | Ryan Coogler |
| Música | Ludwig Göransson |
| Fotografía | Autumn Durald Arkapaw |
| Reparto | Michael B. Jordan, Hailee Steinfeld, Miles Caton, Jack O’Connell, Wunmi Mosaku, Delroy Lindo, Jayme Lawson y Buddy Guy |
| País | Estados Unidos |
| Año | 2025 |
| Duración | 2h 17m |
| Género | Terror / Musical / Blues |
| Estreno | 16 abril 2025 (cines). Actualmente en Movistar Plus (deseando su vuelta a las pantallas del cine) |




















