La chica zurda, elegida por Taiwán para representar al país en los Oscar, llega a nuestras salas casi de puntillas, como si su historia no fuera precisamente la que más necesitamos ver ahora mismo. Rodada con iPhone en los mercados nocturnos de Taipéi, la película de Shih-Ching Tsou nos saca del cómodo exotismo turístico para colocarnos al lado de mujeres que luchan por sobrevivir en un sistema que las prefiere invisibles.
A veces, el cine nos da un bofetón de realidad justo cuando pensábamos que solo íbamos a disfrutar de un “privilegio”: el de ver cine asiático en una pantalla grande en Madrid. Es tan poco frecuente encontrar estas joyas en la cartelera que, cuando aparecen, hay que celebrarlas.
Entrar en la sala para ver La chica zurda (The Left-Handed Girl, 2026), ha sido mucho más que un ejercicio de cinefilia. Para quienes hemos recorrido Asia y nos hemos perdido en sus mercados nocturnos, la película de Shih-Ching Tsou cambia la mirada. Donde antes veíamos, como turistas, el bullicio pintoresco de los puestos de fideos, ahora percibimos la precariedad de unas manos que no descansan.
Desde los primeros acordes —que evocan la delicadeza melódica de Joe Hisaishi en El verano de Kikujiro—, la cinta te envuelve en una luz deliciosa. Pero que el sol de Taipéi no nos engañe: lo que estamos viendo es una lucha feroz por la supervivencia de mujeres que sufren dificultades precisamente por el hecho de serlo.
El reparto: veracidad en cada gesto
Y aquí entra en juego un reparto que transmite esa veracidad con una naturalidad sobrecogedora. Nina Ye, como la pequeña I-Jing (la zurda del título), es una revelación absoluta: con solo seis años y ya veterana de anuncios publicitarios taiwaneses, observa el mundo con una curiosidad infantil que pasa del asombro al miedo sin un solo gesto forzado. Su forma de internalizar el tabú de la “mano del diablo” —robando, jugando, escondiéndose— es tan auténtica que te parte el alma.
Janel Tsai (Shu-Fen, la madre) y Shih-Yuan Ma (I-Ann, la hija mayor rebelde) completan un trío femenino intergeneracional impecable: Tsai carga con el peso silencioso del sacrificio maternal, mientras Ma destila rabia contenida en su trabajo como “betel nut beauty” y sus secretos familiares. Tres actrices con una química que hace creíble cada pelea, cada abrazo, cada silencio compartido. Tsou las dirige con maestría, dejando que sus cuerpos y miradas cuenten lo que las palabras callan.
Hay momentos que cortan la respiración. Me quedé sin aliento con la escena en la que una mujer propone a otra quedarse con su hijo si resulta ser varón, solo para poder repartir una herencia. Es increíble y aterrador a la vez. En ese instante se percibe lo profundo que sigue siendo el patriarcado, incluso en entornos donde la modernidad parece haberlo desplazado. Tsou no juzga, simplemente muestra. Te obliga a pensar no solo en el lugar de la mujer en Asia, sino también en nuestras propias contradicciones.
La propia Tsou ha contado que la película nace de un recuerdo de infancia: su abuelo la regañaba por usar la mano izquierda, todavía vista como una mano “equivocada” o incluso “del diablo” en algunos contextos. A partir de ahí, convierte esa diferencia mínima —ser zurda— en una metáfora de todas las vidas que el sistema prefiere enderezar a la fuerza.
La dirección de Shih-Ching Tsou es magistral
No hay planos vacíos, no hay diálogos innecesarios. Cada encuadre está cargado porque ella sabe que la cámara debe ser testigo, no intrusa. Tsou filma como quien escucha una confesión: en silencio, sin interrumpir, dejando que el peso de lo no dicho caiga sobre el espectador
No necesita grandes discursos para narrar el dolor. (SPOILER) La escena del aborto de la joven —sola, enferma, en un baño mugriento— resume la dureza de la película y su grandeza formal: sin artificio, sin sentimentalismo, solo la verdad de una mujer que resiste. Es el tipo de cine que te obliga a dejar de ser turista de la vida ajena para mirar de frente la vulnerabilidad.
La decisión de rodar íntegramente con iPhones no es un simple truco moderno: permite camuflarse en un mercado real, casi de incógnito, conservando los ritmos, los ruidos y los gestos de ese ecosistema sin invadirlo con un equipo de rodaje pesado. Esa ligereza técnica se traduce en una puesta en escena pegada a los cuerpos, a las manos que cuentan billetes, fríen, lavan, sirven, y que rara vez aparecen en el centro del encuadre en el cine comercial.
Cuando las luces se encienden, lo que queda no es lástima, sino respeto. Ver a estas mujeres resistir en un sistema diseñado para ignorarlas remueve algo muy profundo. Salgo del cine con la sensación de que, si pudiera, me quedaría allí mismo para ayudarles a servir un bol de fideos. La chica zurda es una película necesaria porque nos baja del pedestal y nos enfrenta a la realidad con una ternura austera, sin paternalismo. Es una joya que recuerda que nuestra lucha por la igualdad no ha terminado.
Ficha técnica
Título: La chica zurda (The Left-Handed Girl / 左撇子女孩)
Directora: Shih-Ching Tsou
Guion: Shih-Ching Tsou y Sean Baker
Reparto: Nina Ye (I-Jing), Liao Yi-Ching (Shu-Fen), Janel Tsai (Shu-Fen, la madre)
País: Taiwán / EE.UU.
Fotografía: Rodada íntegramente con iPhone en los mercados nocturnos de Taipéi.











































